La fuerza de las palabras

Las palabras son una herramienta poderosa que tenemos los seres humanos. Son sonidos o símbolos escritos que nos permiten comunicarnos con otras personas y expresar lo que pensamos, lo que sentimos, lo que somos, nuestras intenciones. También nos permiten crear sucesos en nuestra vida.

Las palabras tienen tal fuerza o poder que según cómo las usemos pueden crear o destruir. Por eso es tan importante usarlas bien. Pueden cambiar una vida o destrozarla.

La mente humana bulle llena de ideas, opiniones, conceptos. Si le damos fuerza a un pensamiento, éste crece. Por eso es tan importante sembrar en la mente pensamientos que nos hagan crecer, avanzar y disfrutar.

Cuando somos niños o muy jóvenes, las personas que nos rodean y a quienes queremos, expresan opiniones sobre nosotros sin pensar. Sus opiniones son importantes para el niño y puede creerlas. Y esa idea puede crecer en su mente e influirle poderosamente, para bien o para mal, según esa opinión sea positiva o negativa. Si a un niño le dicen que es feo o que no es listo o que no vale para algo y se lo cree, esa creencia luego es muy difícil de romper. Con el tiempo, alguien tal vez le diga que es listo o que vale y si lo cree la persona superará la antigua creencia. Pero, si otra persona le vuelve a decir que es tonto, puede reforzarla y dicha idea influirá en su conducta, en su vida, aunque no sea cierta.

Con frecuencia usamos mal las palabras y nos perjudicamos a nosotros mismos y a los demás. Generamos miedos y dudas. Los niños son especialmente vulnerables a la fuerza de las palabras que se les dicen. A los adultos también nos hacen daño muchas opiniones pero podemos decidir no aceptarlas, no creerlas y entonces no nos pueden dañar.

Pensemos en el daño que causan las mentiras, los cotilleos, las palabras expresadas cuando estamos furiosos… Pensemos también en cómo utilizamos las palabras con nosotros mismos. Estamos constantemente hablándonos en nuestra mente. ¿Qué nos decimos? Muchas veces nos decimos cosas desagradables y que ni siquiera son verdad pero, a fuerza de repetirlas, las creemos (estoy gordo, soy feo, todo lo hago mal…)

Si queremos que nuestra vida mejore debemos introducir cambios en nuestra manera de tratarnos y de tratar y hablar a los que nos rodean, especialmente a los que queremos, especialmente a los niños.

Debemos ser cuidadosos, impecables, limpios con nuestras palabras. Si usamos palabras cálidas e íntegras para con nosotros mismos, cuando alguien nos lance una opinión negativa, ésta no prosperará en nuestra mente y no nos podrá hacer daño.

Usando bien las palabras podemos mejorar y cambiar nuestra vida. Podemos superar el miedo, que es lo que más daño nos hace, y transformarlo en amor por nosotros mismos.

¡Empieza ya! ¡Eres una persona maravillosa! Dítelo. Créetelo.